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miércoles, 12 de febrero de 2014

volver



Vuelvo.... ya debo tener seis años... ¿Ya? Corrí mucho. Estoy sucia, transpirada, tengo sed. El flequillo largo me tapa los ojos y las pestañas hacen un esfuerzo descontrolado por salir a ver qué asoma al mundo. Las rodillas no dan más, no siento los pies, varios raspones acusan caídas abruptas sobre las baldosas flojas e impertinentes. Vengo corriendo, desde hace muchos días, centenas de meses, años enteros... ya perdí la cuenta. Vengo a buscar cosas que dejé en el camino, la pelota amarilla y roja a rayas, los gatos que amé, las canciones que se me fueron de la mente pero viven en alguna esquina de la memoria... el recuerdo es así, viene y se va y a veces se encapricha y se ufana riendo de nuestra fragilidad melancólica y evocadora...
Lo que vengo a buscar, a decir verdad, es el par de manos tibias que me empujan la hamaca, una bocina de tren que anuncia el fin del día de muchos hombres y mujeres, pasos taconeantes sobre el ajetreado piso de la estación... relojes que nunca paran, boletos caídos, altavoces que anuncian lugares desconocidos. Pero no voy a tardar, ahí seguramente te encuentro y me vuelvo... te traigo, con alguna especie de fórmula mágica que evite las concatenaciones lógicas que las vueltas al sol le van haciendo a los cuerpos, marchitándolos incesantemente como frutas maduras que acaban por caer... por irse... por dejarnos.
Yo ya soy chiquita y vos no sos tan grande. Vengo a agarrarte fuerte de las manos, a que me lleves a pasear por el barrio, a que me cuentes siempre las mismas historias, que sé de memoria pero que escucho como la primera vez, con ojos maravillosamente abiertos como caramelos media hora... vengo a que me compres figuritas y a que demos una vuelta por los terrenos baldíos con casas abandonadas en medio de pastizales altos... Lleváme al bar de Coco y contáme de los compadritos y las peleas, de las guitarras sin cuerda y los carnavales de algún verano olvidado... dale, lleváme. No importa que oscurezca, vamos, vamos, caminemos, no paremos nunca. Haceme un mate cocido que no tomé nada. Como vos me los hacés, con mucha azúcar. A mi sí me gusta Piazzola, ya sé, a vos no... bueno, también me gustan los demás.
Vengo a contarte que cada noche vuelvo corriendo acá, a este lugar, con vos. Al que cuando no pueda correr más, voy a venir igual.


3 comentarios:

Héctor Daniel Pérez dijo...

..."como se vuelve siempre al amor"
Y siempre serás chiquita (que es condición de los grandes) aunque escribas con nostalgias de siglos Hermosa entrada!

Anónimo dijo...

Nadie puede dejar de existir si despierta tremenda belleza, creo que esto es el lugar perfecto para que guardes todas esas cosas. Hermoso

Juan Martin Sigales dijo...

Normalizar palabras complicadas y embellecer palabras comunes; eso es el arte. Esto es arte.